En el vestíbulo principal, la maquinaria táctica ya estaba lista para desplegarse. Los vehículos blindados rugían en el patio de armas mientras los hombres revisaban chalecos, frecuencias de radio y armamento de alto calibre.
Antes de cruzar la puerta, Enzo Ferrer caminó con paso firme hacia Larry.
—Te quedas aquí, Larry —ordenó Enzo con un tono de voz serio, impropio de su habitual cinismo—. Tu trabajo ahora es cuidar el perímetro de la mansión. Te quedas a cargo de la seguridad de Luciana, Ta