Una vez que las damas y la bebé estuvieron fuera de peligro en la habitación, Thiago se quedó solo en el centro de la sala frente a los patriarcas. El joven estaba visiblemente nervioso, pasándose las manos por el cabello mientras organizaba las ideas en su cabeza.
Ángelo se cruzó de brazos, clavándole una mirada inquisidora de abuelo protector, superado por la magnitud de la revelación pero manteniendo su porte firme.
—Y bien, Thiago... —lanzó Ángelo, rompiendo el hielo de forma directa—. ¿Cuá