Mientras en la fortaleza de la Dinastía reinaba el alivio por el rescate de la familia de Thiago, en el sector industrial de la ciudad la historia era otra. Una camioneta negra se detuvo frente a una casa de seguridad blindada, escondida tras la fachada de una vieja fábrica abandonada.
De la camioneta bajaron Mein Ling, apoyándose en su bastón con elegancia fría, seguida por Matteo —quien llevaba el brazo en cabestrillo tras la golpiza de la última batalla— y su padre, el imponente capo patriar