En el silencio sofocante de la suite, Sebastián Corsini yacía encadenado al respaldo de la cama, con los puños apretados hasta el punto de hacerse daño con el acero de las esposas. El dolor de la mordida sangrante en el cuello y el punzadas en su pierna suturada no lograban apagar la rabia, la frustración y el deseo contenido que la "Gata Loca" le había dejado a medio terminar.
Estaba furioso, humillado... y loco por que esa mujer regresara a complacerlo.
—¡STRAVOS! —gritó Sebastián a todo pulm