La noche de la cena formal organizada por Mein Ling finalmente llegó. Se suponía que era una reunión familiar rutinaria, obligatoria como todas las demás.
Absolutamente nadie en la mesa —ni Arrieta, ni Wei, ni Zhang, ni Elizabeth, ni Cassandra, ni Marco, ni Alessia, ni Thiago, ni Alessandro, ni Damián, ni Luciana, ni Bianca, y mucho menos Yang o el propio Larius— tenía la más remota idea de la jugada que Mein había calculado fríamente a sus espaldas.
Todos ocupaban sus lugares en la larguísima y