Terminando de desayunar, Alessandro se levantó de la mesa con su taza de café en la mano y se dirigió al centro de seguridad de la mansión para revisar los reportes nocturnos en las pantallas gigantes.
Curioso por el misterio de las pelotas perdidas de Mía, rebobinó las cámaras de la sala de juegos de la noche anterior.
En la grabación, la pantalla mostró algo extraño: una figura encapuchada, vistiendo el uniforme del personal de servicio interno, caminaba sigilosamente por la alfombra y escon