La alarma de la residencia emitía un pulso rojo sobre las paredes de mármol. Aunque Nico Castelli venía de una de las familias más acaudaladas y legítimas del país —magnates de la construcción e inversiones bancarias ajenos al mundo del crimen—, no pestañeo ni un segundo al verse en medio del despliegue táctico. Nico tomó con firmeza la mano de Bianca, manteniéndose pegado a ella mientras la familia se apresuraba hacia las salidas.
—¡Enzo, Larry! ¡Aseguren el perímetro de entrada y activen el p