El ambiente cálido y pacífico del departamento se esfumó en un parpadeo. En el comedor, Anaís, su abuela y la pequeña Mía compartían una comida tranquila, tratando de procesar el torbellino de emociones que Thiago había dejado tras su partida. Mía reía mientras su bisabuela le limpiaba la comisura de los labios con una servilleta.
De pronto, el sonido metálico de un cerrojo forzado retumbó en la puerta principal.
Antes de que Anaís pudiera ponerse de pie, la puerta se abrió de golpe. Mein Lin