El aire dentro del ducto de la salida de emergencia era denso, impregnado del hedor a pólvora, hule quemado y polvo de concreto. Las luces rojas de la alarma de incendios parpadeaban mecánicamente, bañando los rostros de Bianca y Nico en un resplandor sangriento.
Arriba, el eco retumbante de las botas de los mercenarios bajando a paso de carga hacía vibrar los escalones de metal.
—¡Revisen cada piso! —resonó una voz ronca en la parte superior—. ¡Esa perra no pudo haber ido lejos! ¡Señalen las s