Mientras tanto, en el piso de seguridad de la residencia principal, la noticia de lo ocurrido en la firma de arquitectura cayó como una bomba de nitrógeno.
Ángelo Di Santi estaba de pie frente a los ventanales del despacho, con la mandíbula apretada tan fuerte que los músculos del cuello se le marcaban. Escuchaba el reporte de Thiago a través del altavoz del teléfono. A su lado, Cassandra apretaba los puños sobre el escritorio con los ojos encendidos en ira, mientras Clara mantenía los brazos c