El ambiente en la habitación del hotel pasó del sudor a la adrenalina pura. Vega, ignorando el juego de seducción de Isabella y la mirada de dagas de Ginna, extendió un mapa digital sobre la pequeña mesa de noche.
—Victtorio está atrincherado en ese hospital como una rata —dijo Vega, su voz cargada de un nerviosismo que intentaba ocultar—. Tiene a sus mejores hombres ahí. No podemos entrar por la fuerza sin causar una masacre que ni el Presidente podría tapar. Así que vamos a obligarlo a salir