El hospital privado permanecía en un silencio extraño, uno que no era calma sino contención, hombres de traje oscuro custodiaban cada pasillo, cada acceso, cada esquina, nadie entraba sin ser observado, nadie salía sin ser recordado,
Victtorio permanecía de pie frente al ventanal del pasillo principal cuando sintió la presencia de sus padres antes de escucharlos, su madre fue la primera en hablar, la voz baja, quebrada por una rabia que apenas lograba controlar.
—Dime que está viva.
Victtori