Capítulo veinticuatro.
Maldita sea Arturo y las ganas de querer ir a una gala.
Pensé que había terminado con esa etapa después de volver de New York, ya que con Max si era evidente que debía meterme en ese tumulto de gente con deliradas cifras en el banco y teniendo de todo menos algo: humildad. Todas esas personas producen en mi un mal estar en el estomago. Si soy honesta, no quería volver a eso. La primera gala a la que había asistido terminó siendo un gran desastre.
No, esas fiestas no son para mi. Mucho menos des