El bosque guardaba silencio, como si hasta el último ser viviente contuviera la respiración. Valeria se mantenía agachada entre la maleza, con los sentidos agudizados hasta el dolor. Su vientre, ahora visiblemente abultado, le recordaba todo lo que estaba en juego. A su lado, Damián permanecía inmóvil, comunicándose con ella solo a través de miradas y gestos sutiles que habían perfeccionado durante las últimas semanas.
Los exploradores habían regresado al amanecer con la noticia: una avanzada d