Narrador
El SUV negro se deslizaba por las calles mojadas de la madrugada, dejando atrás el taller abandonado, ahora una silueta humeante bajo la lluvia. Dentro, el aire era denso, cargado con el olor acre a papel quemado y la tensión de una huida a contrarreloj. Alonso, al volante, tenía la mandíbula apretada, sus ojos fijos en la carretera, mientras Martina, a su lado, hacía llamadas frenéticas desde un teléfono satelital.
—El jet privado está listo en el aeródromo privado de Barajas —dijo Ma