Clara
El viaje en el taxi se sintió irreal, como si estuviéramos suspendidos en una burbuja de tiempo, ajenos al tráfico que rugía a nuestro alrededor. La lluvia había regresado, fina y persistente, golpeando el parabrisas con un ritmo monótono que no lograba acallar el tamborileo de mi propio corazón. Julieta, en el asiento delantero, sostenía la carpeta abultada con una firmeza que contrastaba con la fragilidad de Eva, quien se encogía a su lado, pálida y temblorosa.
La amenaza anónima que ha