Clara
El aire en mi apartamento era denso, cargado de una expectativa que me erizaba la piel. La lluvia, que había sido una constante en los últimos días, había cedido, dejando un silencio inusual que me ponía aún más nerviosa. Leonardo estaba sentado en el sofá, su postura tensa, los ojos fijos en la puerta como si esperara una sentencia. El hematoma en mi mejilla aún dolía, un recordatorio mudo de la noche en el bar, de Bruno, de la furia que nos había cercado. Pero más que el dolor físico, m