Clara
El golpe en la ventana fue como un disparo, seco y brutal, cortando el aire viciado de la habitación.
—¡Clara! ¡No vas a escapar esta vez!
La voz de Bruno, áspera y cargada de veneno, me atravesó como un cuchillo. Me quedé inmóvil en el centro de la pensión, el corazón golpeando tan fuerte que apenas escuché el clic de la ventana al cerrarse. Mis manos temblaban mientras apagaba la luz. A mi lado, la silueta de Leonardo era apenas una sombra tensa en la penumbra. Su mano apretaba la mía co