31. CAZANDO UN CONEJO

RYAN

Durante el entrenamiento de ese primer día, Alex se mantuvo en silencio, sin dirigirme la mirada, entendía que podía estar aun molesta, pero le daría su tiempo, no es fácil darse cuenta de que su madre tenía un amante, sobre todo, cuando su padre murió para salvarles la vida. 

Pero ya me había quedado claro que esa conversación no nos llevaría a un acercamiento, así que la taché de mi lista. Mi lobo se había contenido por demasiado tiempo y estaba empezando a causar estragos en mi interior, trayendo imágenes de sus curvas y de cómo se movía cada parte de su cuerpo durante los entrenamientos. 

Ya había sido demasiado el tiempo de esta tortura y debía hacer algo, antes de que todos notaran como mi cuerpo despartaba en su presencia. Me preocupaba el tener una erección en el medio del campo… eso no se vería profesional. 

Y con los ojos del rey lejos, nada me impedía avanzar un par de grandes pasos para hacerla mi pareja. Y que se joda la profecía. No sería capaz de rechazar a Alex ni por una loba de arcoíris. Llevaba demasiado tiempo conteniendo esta necesidad por ella y ese par de días juntos en la casa de la manada: dormir junto a ella, despertar abrazados, sentir su piel y su aroma y disfrutar de sus coqueteos, habían sido suficientes para decidir que no quería estar sin ella un minuto más.

Terminó el entrenamiento. Los guerreros se fueron a las duchas, Alex regresó a buscar su botella de agua. Me acerqué a ella con decisón. 

- Alfa - dijo el vampiro semi horneado, acercándose

- Largo - le dije

- Adiós - se giró inmediatamente para ir a las duchas. 

Alex se giró para verme, estábamos solos en el campo. 

- Alex

- No quiero hablar, Alfa

- ¿Sigues enfadada, conejo?

- No - dijo con un gesto de niña mimada que me volvió loco. Alex sabe que estoy loco por ella - pero no quiero problemas aquí… No quiero que los guerreros piensen que tienes preferencias.

- Los guerreros saben que tengo preferencias, pero eso da igual... tú te has ganado tu puesto con creces. Que estés aquí y poder observar cómo entrenas es un bono extra.

- ¿Por qué de repente estás tan desinhibido, Alfa? ¿Ya no te importa que te vean conmigo?

<<con que era eso>> 

- Sabes que es complicado.

. No lo quiero complicado, Alfa Ryan. No quiero ser un juego de pasillo, ni siquiera para un Alfa. ¿Me seguirás, conquistarás, besarás a escondidas, hasta que llegue la indicada?

- ¿Qué clase de omega eres que le hablas así a tu Afa?

- De una clase que no conocías - dijo, pasando junto a mi - Adiós, Alfa.

Caminó hacia los vestidores. 

- Taylor - la llamé. Ella se tensó, pero no volteó a verme. Esta loba tenía el temperamento de un Alfa - Los entrenamientos de los cachorros quedan suspendidos mientras se reconstruye la academia. Desde mañana vuelves a entrenar conmigo - ví su cuerpo tensarse, sé que me escuchó, pero no volteó a verme. Continuó caminando

Me encanta una loba que se hace la difícil, jamás lo había experimentado, cuando se es el Príncipe Alfa, lo usual es que las lobas se ofrezcan y no, que se nieguen. Disfruto de una buena cacería… tendría que intentar otra estrategia para cazar a este conejo. 

ALEX

El día siguiente, disfrutaba mi estofado de verduras, cuando alguien se apoyó en la mesa frente a mi y me miró.

- En serio, te enfermarás comiendo eso - Dijo Alfa Ryan mirándome.

- Claro que no - dije tragando mi bocado. Ni siquiera lo has probado.

- No tiene carne - dijo arrugando la nariz - no, gracias… - continué comiendo - Entrenamiento en el gimnasio, en cinco minutos.

- ¿En el gimnasio? - dije sorprendida. Eso significaba solo una cosa: entrenamiento a solas, sin interrupciones, entre cuatro paredes.

- ¿Prefieres la nieve? No lo creo.

Claro que no, aun no lograba acostumbrarme al frío clima de Goldenmoon. 

Entrenar a solas con Alfa Ryan me ponía nerviosa. El licántropo era complicado, algo temperamental, con un aura seductora casi imposible de resistir; de no ser una loba blanca pura, probablemente habría sucumbido a sus encantos hace mucho tiempo. Entrenar con los Elite era una cosa, pero que el entrenamiento fuese únicamente con Alfa Ryan, y en un espacio cerrado y privado, además… la situación gritaba peligro a kilómetros de distancia.

Odiaba sentirme en sus manos, Alfa Ryan había estado al borde de besarme ya en dos ocasiones ¿Para qué querría Alfa Ryan besar a una “omega” si no fuese solo para divertirse un rato? La prueba más grande de eso era su silencio; él quería esconderme bajo la alfombra; jugar conmigo pero sin que nadie se enterase. Alfa Ryan Tal vez ahora estaba empecinado en llamar mi atención, pero lograba resistirme, pronto se aburriría e iría a buscar a  otra Omega. Después de todo… Los Alfas son así.

Caminé hasta el gimnasio. Abrí la puerta y Alfa Ryan se encontraba en el interior, esperándome. 

- Entra, Taylor. Cierra la puerta con el seguro - “Taylor”, era la forma en la que me llamaba cuando los demás podían oírlo. Frente a los demás yo era solo una guerrera Elite, entre cuatro paredes, las cosas cambiaban. Cerré la puerta tras de mí y mi corazón se aceleró cuando giré el seguro. Me mantuve seria, sin olvidar que permanecía enojada por lo que él había dicho de mi madre. Inhalé para darme calma y caminé en dirección a Alfa Ryan. 

Alfa Ryan mantuvo una mirada seria, pero sensual, mientras caminaba hacia él, sin despegar sus ojos de mi. Me propuse a mi misma, no demostrar ni una sola gota de nerviosismo. Mi rostro se mantuvo severo. Este Alfa no jugaría con esta Omega un día más. Al llegar frente a él, mantuve mi formación, mirando hacia el frente. Dejando bien en claro que mi intención ahí era entrenar. 

- Taylor, has hecho un gran trabajo estos últimos meses en esta manada. Empezaste siendo la peor guerrera del grupo Elite y ahora eres capaz de vencerlos. Sin embargo… aún no estoy seguro de que estés a la altura. Descanso - me ordenó y yo relajé mis brazos y lo miré de frente.

<<¿Qué? … ¿Qué quería decir con eso?>>

- Los guerreros Elite - continuó diciendo - están conformados por Betas y algunos hijos Alfas de otras manadas que se han ganado el respeto y la posición. No estoy seguro que, como tu has dicho innumerables veces, una “Omega híbrida sin Lobo” esté a la altura en caso de algún ataque. 

No podía creer lo que me estaba diciendo. Todos mis esfuerzos, todo lo que había luchado por ese lugar en el que estaba, no valían más que un linaje de sangre.

- ¿Cómo podría comparar a una Omega, con un lobo nacido de cuna Alfa o Beta, incluso? - preguntó Ryan - Sé que el padre que te crió era un Beta… pero tú ¿Qué eres?

- Con su permiso, Alfa - dije con mi voz quebrada, intentando demostrar fortaleza - Pero creo que los esfuerzos y frutos son más importantes que el linaje de cuna.

- ¿Eso es lo que crees, Alex? ¿De verdad es lo que crees? - caminó hacia mí y me enfrentó. Yo lo miré a los ojos. 

- Es lo que creo, Alfa.

- Entonces, Alex. Si crees que el linaje de cuna no es importante ¿Por qué huyes de mí? - Me sorprendí ante su pregunta, quedé un momento sin palabras.

- Porque un Alfa no se enredaría jamás con una Omega para algo serio. Mucho menos el futuro Rey Licántropo - mis palabras salieron como un gran bloque de hielo.

- Interesante reflexión… - dijo Alfa Ryan - Entonces, señorita Taylor, eres suficiente para pertenecer al escuadrón de guerra más reconocido de toda la región, pero no eres suficiente para ser la pareja del Rey Licántropo. Para lo segundo sí cuenta tu linaje omega. Y yo aquí de tonto, intentando llamar tu atención y peleándome con mi padre… tú solo crees que yo estoy jugando contigo.

Permanecimos en silencio un momento, yo estaba hecha un atado de nervios, sin saber qué decir. Hasta que solté.

- Si no es así, entonces ¿Cuál es la razón por la que escondes a todos que sientes algo por mi? - una declaración así, podría haberme costado mi lugar en la manada. 

Me miró con sorpresa y sonrió seductoramente. 

- No eres una loba común… - dijo - Antes, en tu habitación, dijiste que confiabas en mí. ¿Ya no lo haces?

Agaché mi cabeza.

- No lo sé.

Se acercó a mí y me tomó en sus brazos. Me quedé inmóvil. Nos miramos fijamente a los ojos. Nuestros rostros estaban muy juntos, podía sentir su respiración en mi mejilla. 

- Odio lo que ese maldito Ethan Hill te hizo. Pero yo voy a reconstruir los pedazos pieza por pieza, hasta que te des cuenta, que yo no estoy jugando - Quedé sin aliento - No te preocupes, tengo mucha paciencia, pero recuerda que un día, me pagaré de todo el tiempo que me has hecho esperar.

Mi corazón latía como si fuese a explotar. Sus ojos grises me miraban con deseo y mi cuerpo reaccionaba a sus palabras. Se llevó una mano a la boca y besó sus dedos, para luego, acercarlos a mis labios y rozarlos.

Luego de eso me soltó y caminó hacia la salida del gimnasio. Estuve quieta un par de segundos analizando lo que había pasado. Esto no se trataba de un juego: El Príncipe Alfa Licántropo estaba enamorado de mi.

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