32. EL LICÁNTROPO MÁS FUERTE DE LA TIERRA

RYAN

Este fue el momento clave, finalmente se lo he dicho. Alex sabe que no estoy jugando.

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> Dijo Raven en mi interior

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> le dije

<<¿Crees que desee tener de vuelta a nuestra conejita sexy?>> Raven gimió

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<<¡¡Déjamelo!!>> Ladró y mostró sus dientes en mi interior <<¡¡Déjamelo a mí!! ¡¡Yo le partiré su m…!!>>

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> Reí con malicia.

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> - mostró sus caninos de gusto

Me transformé en mi licántropo Raven y corrí para dar una vuelta de inspección. Los guardias de la entrada abrieron y yo salí a hacer la ruta que hago usualmente por las noches. No me lleva más de una hora, pero la amenaza de un enorme licántropo negro vagando por el bosque, ha ayudado a alejar a los rouge de la zona. Iniciaba mi recorrido, cuando un dolor agudo en mi pata me derribó. Aullé con dolor y caí sobre la nieve. Hasta el momento había sido el dolor más terrible que había sentido en mi vida. Miré hacia mi pata trasera izquierda y me vi enredado en una trampa de ojo. Si me transformaba, perdería el pie, pero algo era seguro: el hueso estaba quebrado.

Aullé con fuerza, esperando que alguno de mis lobos pudiera oírlo, aun sabiendo que los muros de nuestra manada están insonorizados para evitar que los humanos se acerquen a espiar. Permanecí tendido en la nieve, sin poder hacer nada para zafarme: El licántropo más fuerte de la tierra, derribado por una trampa de oso.

ALEX

Salí del gimnasio, tocando mis labios. Aquel encuentro con Alfa Ryan había sido el más intenso de mi vida y ni siquiera nos habíamos besado. Aún no lograba procesar todo lo que me había dicho, cuando llegó Kael junto a mi.

- ¿Cómo estuvo ese entrenamiento? - me dijo con una sonrisa

- ¿Ah? - levanté mi rostro desorientada - Sí… estuvo bien…

- Vaya… al parecer estuvo intenso - se rió.

- Sí - dije, pensando en todo lo que ocurrió - fue muy intenso.

- ¿Estás bien? Te noto extraña

- No… no te preocupes, Kael - dije, intentando demostrar normalidad - Solo estoy cansada.

- ¿Cerveza? - susurró

- Sí… creo que me caería muy bien una - dije.

Fuimos hasta una tienda dentro de la manada y compramos dos cervezas, luego fuimos a una de las plazoletas fuera del campus para tomarla y ver cómo se posaba el sol sobre la nieve. Tiñendo todo a nuestro alrededor de tonos naranjos y amarillos.

Bebí mi cerveza en silencio, absorta en mis pensamientos. Todavía si cerraba los ojos podía percibir el aroma a bosque y sándalo, tan presente hoy en cada momento. Ryan siempre, espiando y cuidándome en silencio.

- ¿Por qué no me lo dijiste? - pregunté a Kael sin dejar de mirar hacia el horizonte.

- ¿Qué no te dije? - me preguntó.

- ¿Por qué no me dijiste que él estaba allí… cuando me desmayé en esa cueva? ¿Por qué no me dijiste que el licántropo de Alfa Ryan fue el que estuvo esa noche y me dio calor?

- Mmm… - comprendió mis palabras. bebió un sorbo e hizo una mueca de asco - Ahgg.. que asco de cerveza… - Comentó. Y luego, ante mi silencio, respondió - Alfa Ryan me lo pidió.

- ¿Por qué?

- No lo sé… tendrías que preguntarle tú… yo solo soy uno de sus guerreros Elite… y no soy al que más confianza tiene. Por si no lo has notado - luego susurró y lo miré - él me odia.

- … - me reí - Puede que tengas razón. Bebí un nuevo sorbo y miré hacia el horizonte nuevamente

- Aunque no lo culpo - dijo. Lo volví a mirar - Yo besé a la loba de la que él está interesado.

Me reí, quitándole importancia a su declaración. Aún no podía creerlo: Ryan era el príncipe Licántropo y de entre todas las lobas que se tiran a sus pies, eligió a la esquiva de todas.

Permanecí un momento en silencio y una sonrisa se dibujó en mi rostro.

De repente y sin aviso, sentí un dolor agudo que me quitó el aliento. Caí sobre la nieve mareada por la terrible sensación, era casi tan doloroso como el momento en que me rechazaron. ¿Qué estaba pasando?

- ¡Alex! ¿Estás bien?

A lo lejos escuchaba la voz de Kael, mi visión se volvía borrosa y mi loba estaba fuera de control, intentando zafarse de sus cadenas ¿Qué estaba pasando?

Sostuve con todas mis fuerzas a mi loba, intentando soportar el dolor intenso. De repente, un pensamiento se coló a mi mente: Ryan.

Me exalté. No podía entender la razón de por qué tenía esa certeza, pero supe que ese dolor era de Ryan y que algo grave le había pasado.

Empecé a correr, sin tener un rumbo aparente, solo guiada por mi corazón. No tenía la más remota idea de dónde iba.

- ¡Alex! - Me gritó Kael y me siguió - ¿Dónde vas?

No me preguntes nada Kael, ni yo misma puedo entenderlo… pero creo que Ryan está herido.

Corrí con todas mis fuerzas hasta casi desfallecer. Llegué al límite de la manada y sentí que mi corazón se apretaba. Los guardias me permitieron salir y continué corriendo. Kael intentaba seguirme los pasos.

- Estos… son los momentos… en los que desearía… tener un lobo - dijo Kael

No había espacio para risa en ese momento, mi corazón estaba angustiado. Necesitaba encontrar a Ryan.

De pronto, tendido sobre la blanca arena, cubierto en un charco de su propia sangre, yacía un enorme perro negro, con su pata izquierda metida en una trampa de oso. Mi corazón se estrujó. Ryan se desangraba y el hueso de su pata estaba quebrado.

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