30. TODO LO QUE QUIERO ERES TU

RYAN

Me quedé de pie junto al dintel de la puerta, escuchando la hermosa voz de mi coneja. El canto de la Luna se escuchaba aún más hermoso en sus deseables labios. Fue el momento en que descubrí que estaba perdido. Ya no podía ocultar más el deseo que sentía por ella. El canto de la Luna es un don que solo las Lunas vigentes tienen, quiere decir, que si una Luna es rechazada, su canto no tiene efecto: El canto de Alex reaccionaba debido a nuestro vínculo. No porque hubiese sido una Luna, sino porque lo era aún… mi Luna. 

- Y dime… esa canción habla de un Alfa… ¿En quién piensas cuando la cantas? - Las palabras salieron de mi boca, sin poderlas contener. Estaba llegando a un punto de no retorno, en el que mi lobo estaba tomando control de mis acciones. 

- Te quedarás con la duda, Alfa Ryan. Buenas noches - dijo con sus ojos seductores y sentí todo arder dentro de mi.

 Quería hacerla mía, sin que nadie se sintiera con el derecho a opinar. Me importaba un rábano la profecía. Solo sabía una cosa, Alex era solo mía y ya nada ni nadie me la podría arrebatar. 

A la noche siguiente, sentí sus suaves pisadas y su aroma atravesar frente a la puerta de mi dormitorio. Pensé que entraría allí, pero continuó su camino y bajó las escaleras. Se dirigió a la cocina y yo la seguí. 

Toqué su mano y cerré su boca para que no gritara. Esta vez, nadie me quitaría ese momento.

- A-Alfa Ryan ¿Qué haces aquí?

- Lo mismo que tú… - Le dije. 

- Volveré a mi habitación - Lucía como una presa intentando huir. 

- Espera. ¿Por qué estás huyendo? - le dije

- Yo no estoy huyendo - Sus ojos no me lo parecían.

- Claro que sí… ¿Te asusta estar cerca de mi? - Arreglé un mechón de su cabello y toda su piel reaccionó a mi contacto.

- ¿Por qué me asustaría?

- El conejo dice un par de palabras osadas y luego huye del lobo… - Su corazón se aceleró

- ¿Qué quieres, Alfa Ryan? 

- ¿Aún no te das cuenta de qué es lo que quiero? - Toqué sus labios con mis dedos, ella abrió suavemente su boca. Me estaba matando. 

- Lo que tu quieres, yo no puedo dártelo 

- Todo lo que quiero es a ti, Alex Taylor. Desde la primera vez que te vi - Todo su cuerpo reaccionó a mis palabras y en ese momento no pude contenerme. 

Besé sus manos con deseo. Me acerqué a su cuello, quería morderlo y marcarla como mía en ese momento. Inhalé su exquisito bouquet  de nardos y jazmín. Estaba quieta como un conejito asustado, pero su cuerpo, estaba reaccionando a mi, podía olerlo. Besé su cuello y ella movió su cabeza, para darme libre acceso, por la diosa, como quería hacerla mía en ese momento.Besé sus hombros y bajé por sus brazos hasta el lugar donde estaba mi mordida. De momento, esta era la única marca que podía darle y estaba partida en dos por el ataque de ese licántropo estúpido. Besé su piel y llevé sus brazos, para que rodearan mi cuello. Ella acarició mi cabello, señal de que estaba a gusto con todo lo que estaba pasando entre nosotros. 

Acaricié su hermoso cabello de fuego y recorrí las curvas de su espalda con mis manos, hasta llegar a su cintura.

Acerqué mis labios a los suyos, cada movimiento milimétricamente calculado, nada podía salir mal en nuestro primer beso. Podía sentir su respiración. Cerró sus ojos y tocó mi pecho con sus delicadas manos. 

Abrió su boca, este no sería un pequeño beso, sino uno con deseo contenido. Deseaba acariciar su lengua con la mía, cerré mis ojos, para lograr saborear con más intensidad ese momento.

Cuando una voz nos interrumpió y ambos nos agachamos por debajo de la isla de cocina para que no nos vieran. 

Me odié al hacerlo: debí besarla con todo el deseo contenido en mi interior y subirla a la mesa , no esconderla bajo ella. 

Y luego, esa fatídica conversación entre Beta Max y su madre. Para mí era más que claro: Entre estos dos había una historia, si no, antes que su esposo, fue durante el tiempo en que él estaba vivo. 

Pero Alex no lo vio de ese modo, era de entender, ya que se trataba de su madre. Aun así, no pude cerrar mi bocota y terminamos en un desencuentro.

La ventisca terminó durante la madrugada y Alex volvió al campus, sin remedio. 

Esa mañana tomé una decisión. Fui hasta el despacho de mi padre.

- Entra Ryan - dijo sin mirarme - Estoy terminando de firmar las invitaciones para la reunión de manadas el mes que viene. 

- ¿Invitarás a todas las manadas? ¿Incluída a Blackmoon?

- Claro que sí. No tenemos desencuentros con ninguna manada. Todo lo contrario, nosotros somos el puente para las alianzas. Debemos dar el ejemplo. No te preocupes, Clara y su hija están bien y felices aquí… no tendría porque importarles, además, ellas reciben trato de Beta en esta manada, a pesar de no serlo, podrán asistir. 

- Pienso que puede ser precipitado para ellas este encuentro, después de todo, solo han pasado unos meses - dije

- Bueno… tal vez sea una instancia apropiada para que el chico ¿Cómo es que se llama? - buscó entre los sobres de invitaciones… Ethan Hill, se de cuenta de su error e intente enmendarlo .. Un final feliz ¿No lo crees? Tenías razón desde el principio, hijo, esa chica es talentosa.

Empuñé mis manos bajo la mesa. 

- Padre, he venido por otro motivo.

- ¿Qué es? - me preguntó, aun preocupado en sus papeles.

- Me mudaré a las residencias para profesores del campus.

- ¿Por qué? ¿Por esa loba con la que pasaste la otra noche?

- No es solo por ella, padre… Necesito espacio para lograr pensar con mayor claridad mis movimientos, de ahora en adelante.

- Bien pues, si lo planteas de ese modo… no me opondré. 

- Ni que pudieras hacerlo - me burlé.

Salí de la oficina con la tranquilidad de haber hecho lo correcto. Guardé mis cosas y subí al carro. Estando en el campus, ya nada ni nadie podría robarme el tiempo para estar con Alex.

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