27. HUELES A BOSQUE Y SÁNDALO

ALEX

- ¿Qué hacen aquí? - Preguntó, muy serio, Alfa Ryan. 

- Eh… A-Alfa Ryan -  Dije… estaba muy mareada producto del alcohol. Me acerqué a él y toqué su rostro para comprobar que no era una ilusión - ¿Q-qué haces aquí?

- Alfa. Solo fuimos un momento a la ciudad a pasar un momento de distracción… mi compañera Alex se lo merecía después de su destacada participación hoy en las pruebas.

- Sí, e-eres real… - Acaricié su rostro y luego bajé por su cuello con mis manos hasta tocar sus hombros y pectorales - pensé… q-que eras una ilu- ¡hip! ilusión.

- Lo siento, Alfa. Alex no está en buen estado - dijo Kael.

- Yo e-estoy bien - dije asintiendo - y t-tu también, Alfa… estás muy bien - Me mordí el labio ante el descaro - Alfa Ryan me miraba con sorpresa

- ¿Cuánto bebió? - preguntó Alfa Ryan a Kael

- Menos de lo que aparenta, lo juro.

- Alfa dígam-me… - empecé - ¿P-por qué es tan malo con ¡hip! conmigo? Yo solo quiero aprender y vivir tranquilamente… - sentí tristeza - y… aquí hace mucho frío… y u-usted es como un hielo… siempre está enojado con ¡hip! conmigo… y cuando no lo está, me duele más - me puse a llorar. 

- ¿Pretendías llevarla en este estado al campus? - Dijo Alfa Ryan, mientras yo me deshacía en llanto en sus hombros. 

Alfa Ryan me tomó en brazos. Y el suave vaivén de sus pisadas me adormeció. Tenía mi nariz pegada a su cuello. Lo olí y di pequeños besos y mordiditas involuntarias en el cuello, Alfa Ryan se tensaba con el roce de mis labios.

- Hueles bien… - dije casi al borde de dormirme - Hueles a bosque y sándalo…

Escuché su voz en la lejanía

- Tú también hueles bien. A nardo y prados de jazmines… mezclados con alcohol.

Esbocé una pequeña sonrisa antes de sumirme en el sueño profundo. 

Dormí toda la noche en un sueño agradable que no me permitía despertar ni moverme, quería estar así por siempre. Sentía el exquisito aroma de Bosque y sándalo a mi alrededor. Y en mi mente sentía como aun abrazaba el pecho de Alfa Ryan. Luego de un momento, empecé a tener lucidez, sin abrir mis ojos aún, palpé el lugar donde me encontraba: Estaba recostada y abrazada al pecho de alguien. Abrí mis ojos y casi grito del terror, al darme cuenta que Ryan estaba recostado junto a mi y que me tenía aún en sus brazos. 

No tenía mayores recuerdos de lo que había pasado la noche anterior. Recuerdo el beso de Kael y que luego de eso seguimos bebiendo; un corto rato después, volvimos a la manada caminando y, todo se volvió borroso desde ahí. Observé a mi alrededor: estaba en la casa de la manada, en la habitación que habían preparado para mí la primera vez que llegué aquí. Estábamos dentro de la cama. Miré suavemente bajo las sábanas y sentí alivio al ver que llevábamos la ropa puesta. 

- ¿No has acabado con tu descaro, loba? - escuché la voz de Alfa Ryan. Por la diosa, como podría responder ante esta situación.

- Alfa Ryan… - lo miré con terror - yo no sé… no recuerdo… nosotros… 

- No pasó nada entre nosotros, Taylor - Me miró con sus ojos grises, serio, aunque más suavizado que en otras ocasiones - Me enviaron por ti ayer y te encontré en este estado. Repetías una y otra vez que tenías frío y no quisiste soltarme. Debí quedarme, para que te callaras de una vez y que mi padre y tu madre no te oyeran y vieran en este estado.

Oh, por la diosa, mi madre. ¿Qué diría mi madre? Cerré los ojos ante la vergüenza del momento.

- ¿Crees que necesito embriagar a una loba para meterla en mi cama? - Lo miré con asombro y vergüenza - Jamás lo haría de este modo, Alex. No soy un cerdo que actúa en contra de tu voluntad. Sé que ayer estabas ebria y por eso dijiste todas esas cosas. 

<<¿Qué dije?... Oh por la diosa ¿Qué dije?>> pensé

- ¿Confías en mí? - Me preguntó.

Yo lo miré a los ojos y asentí. ¿Cómo no podía confiar en él? Después de todo lo que ha hecho por mi. Se incorporó y caminó con sigilo hacia la ventana.

- Es mejor que no me vean salir de tu habitación… - Asentí en silencio.

Abrió despacio la ventana y saltó, cayendo de manera impecable sobre la nieve del primer piso. Luego caminó con sigilo. hacia la entrada de la casa de la manada. Sentí que el corazón se me iba a salir del pecho. Había pasado la noche abrazada a Alfa Ryan.

Me bañé y salí de la habitación. Caminé por los pasillos. Mi madre me vio bajar la escalera y se acercó a abrazarme. 

- ¿Cómo estás Alex? - Me dijo - Anoche le pedí a Ryan que te trajera para que puedas pasar la ventisca aquí con nosotros. Pero el sueño me venció antes de poder verte.

- Buen día, pequeña - dijo el Rey - ¿Alguien ha visto a ese chico?  

Todos negaron con la cabeza, yo igual lo hice, para despistar.

- ¡Luna! - escuché una vocecita que me llamó. Me puse roja como un tomate. Se trataba de Lucie. Llegó hasta mí, la tomé en brazos y la abracé.

- ¿Cómo estás? Lucie, mi pequeña valiente

- Estoy muy bien… aquí soy tratada como una princesa

- Eso está muy bien. Tu eres una hermosa princesa - le dije.

- ¿Luna? - Me preguntó mi madre

- Es por el canto de la Luna - Escuché otra voz, Blaise, con sus manos en los bolsillos, como si fuese un lobo adulto se acercó. Me abrazó. 

Lucie y Blaise me condujeron hacia donde estaban los otros cachorros, yo agradecí pasar de las miradas que buscaban explicaciones. ¿Dónde estaba Alfa Ryan? ¿Por qué los cachorros me llamaban Luna?

- Ya llegué… - se escuchó la voz de Alfa Ryan en la entrada de la casa.

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