28. LA MEJOR NOCHE DE MI VIDA

Caminé con los cachorros, oyendo las voces en el salón

- Ryan ¿Dónde estabas…?

- ¿Te molesta si tomo una ducha primero? Después podrás interrogarme todo lo que quieras. - Ryan subió las escaleras sin detenerse a escuchar los regaños de su padre

Estuve un tiempo con los cachorros. Los pequeños, ocupaban dos grandes cuartos de un ala apartada de la casa de la manada; estaban separados por edad: los más grandes en uno de los cuartos y los más pequeños en el otro. Blaise argumentaba que podía estar en el cuarto de los más grandes, pero que por decisión propia, se había quedado con los más pequeños para protegerlos por la noche. 

- Tu sabes, mi dulce Luna, tengo doce años, ya soy un lobo responsable. Y como hijo de Alfa que soy, tengo el deber de proteger a los que están bajo mi cuidado - me decía Blaise. Yo les sonreí.

Blaise era el nieto del fallecido Alfa de Bloodmoon, William Wolf. El rey vampiro, había asesinado a su abuelo y a su padre, el futuro Alfa de la manada, dejando a Blaise totalmente solo. En cualquier manada, un lobezno huérfano de sangre Alfa representaba una amenaza, pero para Alfa Ryan no; él estaba dispuesto a protegerlo y darle todo lo que necesitaba.

- Has hecho un excelente trabajo, Blaise - le dije - No hay destino más noble que dar nuestra vida por proteger a nuestros seres queridos.

Blaise me sonrió agradecido. No necesitaba las dos monedas que recibía en la academia. Esa sonrisa valía para mí mil monedas. 

Fuí hasta el salón comedor para desayunar. Allí se encontraban el Rey, Beta Max, mi madre y Alfa Ryan. 

- ¿No se encuentra Will? - pregunté.

- Mi hermano decidió quedarse en la residencia del campus - dijo Alfa Ryan - Lo hace a menudo, para que nadie se involucre en su vida personal. Es una buena práctica… de hecho, creo que empezaré a hacerlo yo también. 

- Toma asiento, pequeña - Dijo el Rey Morgan - Asentí.

Observé la mesa: A la cabecera, estaba el Rey, a su derecha, su Beta y, junto a él estaba mi madre. A la izquierda del Rey se encontraba Alfa Ryan y, junto a él, el asiento vacío. No tenía opción, debía sentarme junto a Alfa Ryan. 

- Esta mañana fui a tu habitación y no estabas, Ryan - dijo el rey.

- ¿Qué quieres saber exactamente? - dijo Alfa Ryan.

- Quiero saber dónde estabas. 

- Bueno… para que todos aquí se enteren de mi vida privada, que, al parecer debe ser de conocimiento público. Esta noche fui a buscar a la señorita Taylor, por encargo de su madre y, después de que estuvo a salvo en la casa de la manada, me fui a pasar la noche con una loba - Se produjo un silencio en la mesa. Yo no quería ni levantar la vista. 

- Pero… - empezó el Rey

- Nada de peros, padre - dijo Ryan - Tu querías la verdad y esta es. Pasé toda la noche abrazado a una loba sexy, desinhibida y sí, hay que decirlo, un poco ebria.

- Por la diosa, Ryan.

- Tu querías la verdad… Ya tengo veinticuatro años, padre, no puedes estar controlando mi vida. Yo decido lo que hago o no hago - todos estaban en silencio - de hecho tengo unos chupetones que lo prueban - mostró su cuello.

<<Por la diosa, que vergüenza… ¿De verdad eso lo hice yo?>>

- Ha sido la mejor noche de mi vida, padre… y ya decidí que no me la echarás a perder - concluyó Alfa Ryan.

Frente a todas sus palabras, el Rey no tuvo nada que decir; estaba totalmente atónito con las palabras de Alfa Ryan.

Beta Max intentó romper el hielo y se dirigió a mí afablemente. 

- Querida… - sonrió Beta Max - háblanos sobre el canto de la Luna.

- Sí… - miré de reojo a Alfa Ryan y nuestras miradas se cruzaron por un microsegundo - Hace un par de noches, ayudé a dormir a los cachorros con el canto de la Luna. Creí que el don se rebosaba y solo era entregado a las Lunas vigentes, pero lo logré.

- ¿Cómo conocías el canto de la Luna, pequeña? - Preguntó el Rey

- Nuestra Luna cantaba las canciones… empecé a prepararme cuando descubrí que el futuro Alfa era mi pareja. Conozco las diferentes canciones de la Luna, solo que no sabía que aún podía emplearlas.

- Es increíble… - dijo Beta Max - creí que el don se desvanecía con el rechazo.

- Usualmente es así… - dijo pensativo el Rey.

- Pero mi hija no es usual… - comentó mi madre con una sonrisa. 

- De eso tienes razón - dijo Beta Max.

- Diría que es exactamente lo que los cachorros necesitan - comentó Alfa Ryan. Los demás lo miraron - Una Luna. Ya no hay en esta manada ninguna. Impensable, si me lo preguntan, tomando en cuenta que esta es la manada del Rey Alfa ¿No lo crees, padre?

- Tu madre fue una buena Luna.

- No es tarde para encontrar otra… - dijo Ryan - Muchas lobas querrían ser la  esposa del Rey Alfa Marcus Morgan

Su padre lo miró por un momento sin saber qué hacer. Yo comprendía exactamente lo que Alfa Ryan estaba haciendo: Estaba trasladando toda la atención que estaba sobre mí, hacia el Rey Licántropo. Todo un estratega. A partir de ahí, el desayuno se convirtió en el momento para pensar en a qué loba le vendría mejor el puesto de Reina Licántropa. 

Nuestra “primera noche juntos” había pasado desapercibida y yo no podía estar más aliviada. Si bien, no habíamos hecho absolutamente nada a parte de compartir nuestro calor - o al menos, Ryan compartió el suyo a un cubo de hielo - y dejar un par de marcas en su cuello. 

El resto de la tarde lo pasé en compañía de los cachorros. La ventisca inició y los cachorros se prepararon para ir a dormir. 

- Queremos el canto de la Luna - dijo la pequeña Melody. Los miré a todos con sus ojos grandes de ilusión. 

- De acuerdo - dije - vayan a lavarse los dientes, nos vemos en cinco minutos, con su pijama puesto, en la habitación de los pequeños. 

Todos corrieron a prepararse para dormir y llegaron en menos de cinco minutos a la habitación de los pequeños. Me acosté junto a Lucie y Melody que compartían camita, por ser las más pequeñas. Los más grandes se sentaron a los pies de las camas de los más pequeños. 

Empecé a cantar. Noté que Alfa Ryan se posaba en el dintel de la puerta a escuchar. Cerré los ojos para no perder la concentración.

Bajo el plomo de la noche

tu manada va a temblar

si el miedo muerde sus costillas

Mi canción les dará paz

Sopla viento, sopla fuerte

pasa cerca del portal

Trae mi voz por las montañas

que los vuelva a despertar 

Cuando el bosque se hace hielo

y la sangre dice “ven”, 

Alfa mío, lobo firme

Con mi voz te abrazaré

Sopla viento, sopla fuerte

pasa cerca del portal

Trae mi voz por las montañas

que los vuelva a despertar

Si un cachorro tiembla solo, 

Si el dolor quiere volver,

y cuando aúllen en la altura,

yo responderé otra vez

Sopla viento, sopla fuerte

pasa cerca del portal

Trae mi voz por las montañas

que los vuelva a despertar

Cuando terminé la canción, los cachorros más pequeños se encontraban dormidos. Davis me ayudó a levantarme con cuidado, para no despertar a las pequeñas. Los más grandes se fueron a dormir con una sonrisa en sus caritas de sueño. 

Alfa Ryan me observó en silencio, mientras arropaba a cada cachorro y me siguió  con la mirada hasta que salí de la habitación. Cerré la puerta y me habló. 

- El Canto de la coneja - me sonrió.

- Eres un tonto - le sonreí de vuelta. 

- Y dime… esa canción habla de un Alfa… ¿En quién piensas cuando la cantas? - Sostuvo su mirada sobre mí y yo lo miré con una sonrisa juguetona.

- Te quedarás con la duda, Alfa Ryan. Buenas noches.

Entré a la habitación, mis mejillas se sentían ardiendo. Me recosté, intentando calmar a las mariposas en mi estómago, para poder dormir.

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