22. ME COMPETE SOLO A MI DECIDIR

ALEX

Al día siguiente, estaba en el salón comedor del campus, estaba comiendo mi estofado de verduras cuando escuché la voz de Ryan. El corazón volvió a estallar y me sentí como una tonta.

- Comida de conejo otra vez… - murmuró 

- A… Alfa Ryan - Luego de unos minutos tendríamos nuestro entrenamiento personal, tal vez allí podríamos hablar y…

- Alexandra. Tengo un trabajo para ti. Ya no entrenarás conmigo. Los días martes y jueves, irás a la Academia de Guerra Junior

- ¿La Academia de Guerra Junior? Es el internado de lobeznos ¿No? 

- Desde ahora estarás a cargo de la clase de defensa y estrategia. Espero estés contenta ya que estoy haciendo lo que querías. 

- ¿Lo que quería? 

- Dejaste bien en claro que no te interesa nada de mi. Te dejaré en paz. Si lo deseas, podemos tener entrenamientos los fines de semana, pero no voy a insistir, no malgastaré mi tiempo en alguien que no confía en mi palabra. En la academia, empiezas hoy. 

Cuando caminó hacia la salida una voz estridente lo detuvo.

- ¡Mi amor! ¡Estás aquí! - La licántropa Madison se acercó a él, pero Ryan la apartó antes de que pudiera tocarlo. Se volteó para que todos pudieran escucharlo.

- ¡¡Quiero que esto quede claro, porque lo diré solo una vez!! ¡¡No existe, nunca existió y nunca existirá nada entre la Gamma Madison Jonas y yo!! ¡¡Ella no es mi pareja y no será mi Luna y Reina jamás!! ¡¡Antes prefiero entregarme al rey vampiro como su esclavo, que tener que despertar todos los días con esa maldita voz de gaviota agónica!! Espero que esto sea suficiente para aclarar los malentendidos que esta misma licántropa loca ha ocasionado. Mi elección de pareja no tiene que ver con su pelaje o su posición - Me miró por escasos segundos - y, en lo que a eso respecta, me compete solo a mi decidir quién es la hembra que está a la altura de ese puesto y no permitiré que nadie se tome atribuciones en mi lugar ¡¿Quedó claro?!

Todo el salón quedó estático. Yo permanecí sin aliento, observando todo. No era verdad… lo que esa loba Madison había dicho, no era verdad. Sentí el peso de mi consciencia por todas las cosas que le dije a Alfa Ryan por puro coraje y celos… Me di cuenta en ese momento: Estaba celosa. 

Esa tarde, luego de terminar mis verduras, me dirigí unas calles más abajo, hacia la Academia de Guerra Junior, sin tener mayor noción de lo que me esperaba. 

Llegué hasta la entrada principal del pequeño campus de la academia. Toqué el timbre y la cámara de vigilancia se movió en mi dirección.

- Buenas tardes… - escuché una voz por el pequeño altavoz del timbre. 

- Buenas tardes, vengo por encargo de Alfa Ryan. Mi nombre es Alex Taylor.

- Señorita Alex, la esperábamos. Adelante.

El seguro de la entrada principal se soltó y pude ingresar

Caminé por los jardines, hasta llegar a la casona señorial donde residían los lobeznos. Casi al llegar a la puerta, una loba con sonrisa afable me recibió.

- Señorita Taylor, eres bienvenida. 

- Gracias - dije.

- Por favor, acompáñeme por aquí

Me condujo por los jardines.

- La Academia de Guerra Junior fue fundada por nuestro joven príncipe Ryan, para entregar las herramientas a nuestros lobeznos que, debido a guerras y conflictos, han perdido a sus familias en este y otros territorios. En esta academia contamos con lobeznos de licántropo, lobo y algunos pequeños híbridos. Es una fortuna que al fin, podamos tener a una guerrera preparada que pueda enseñar a nuestros pequeños defensa y estrategia. 

- ¿Guerrera preparada? - sonreí, incrédula ante sus palabras.

- Nuestro príncipe Ryan recomendó su trabajo, en base a su experiencia y a sus facultades especiales.

- ¿Experiencias? ¿Facultades especiales? - ¿Qué había dicho Alfa Ryan sobre mi?

- Nos comentó que recientemente frustró el ataque de diez rouges, además de sus dones especiales con los lobeznos, al haber sido escogida por la diosa, para ser Luna en su antigua manada - Lo que decía la loba era en parte cierto, pero… - Alfa Ryan puso toda su confianza en usted para llevar a cabo esta misión. A decir verdad, no le había permitido tomar una clase completa a ninguno de sus guerreros.

Alfa Ryan había puesto su confianza en mí. Y yo ¿Qué había hecho? Creerle a una licántropa loca antes que a él. 

- Venga por aquí, le presentaré a los lobeznos. 

En cuánto los lobeznos me conocieron, me aceptaron de inmediato… logré sentir su amor por mi desde el primer minuto. Querían estar junto a mi todo el tiempo y  mi abrazo, lograba calmar sus enojos y sus llantos.

La maestra Clark me entregaba dos monedas por clase, era el pago por mi trabajo en la academia; aunque yo habría continuado solo por el amor que recibía de esos pequeños, pero la loba me dijo que ese había sido el acuerdo de Alfa Ryan que ellos debían cumplir. Agradecí esas cuatro monedas semanales, que me daban cierta libertad económica. Aunque lamentaba no tener con quién gastarlas: Llevaba ya un par de semanas que no veía a Kael; él estaba en una misión en otra manada, no pudo explicarme bien, pero era parte de las misiones que se le entregaban a los guerreros Elite de vez en cuando. Kael visitaba manadas y yo, abrazaba cachorros. Un trato muy justo.

Extrañaba a Kael y extrañaba a Alfa Ryan, al Ryan que me observaba y regañaba, que me dirigía la palabra, el Ryan que me decía “conejo”.

- ¡Bien chicos, esa fue la clase de hoy! - Concluí con una sonrisa. Ya llevaba un mes entrenando a los cachorros.

- Ay noo… - Los lobeznos querían continuar y se hacían oír. 

- No te vayas… - Dijo Lucie, una pequeña de cabello negro, atado en dos trencitas. 

- Quédate a cenar con nosotros. Eres nuestra invitada - Dijo Davis, el mayor de los lobeznos. 

No pude negarme. Esa noche me quedé junto a ellos, cenamos y disfruté de sus conversaciones. 

- Bien chicos, ya es hora de dormir - Les dijo la maestra Clark 

- Ven con nosotros… ¿Puedes cantarnos una canción para dormir? - Me dijo Lucie. 

- ¿Cantar? - Pregunté. No era algo que solía hacer.

- Sí… - dijo la lobezna rubia Melody - El canto de la Luna

El canto de la Luna. La Luna de una manada ha sido diseñada para traer consuelo a su manada. Sin embargo, yo ya no era una Luna… 

Observé a los lobeznos, sus caritas de ilusión frente a una loba rechazada que ellos veían como a una Luna.

Con el rechazo todas esos dones tienen que haber sido revocados ¿O no?

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