Mundo ficciónIniciar sesiónALEX
A las pocas horas, salí del hospital y Kael me llevó a mi habitación en el campus. Había dormido tanto ese día, que, en la noche no tenía sueño. Me obligué a permanecer con los ojos cerrados y recostada en mi cama. Empecé a imaginar, para pasar el tiempo. Pensaba en mi loba blanca corriendo por la nieve, en compañía del lobo negro de mis sueños.
Mi corazón se llenó por un momento al imaginar aquella visión. Que distinto hubiera sido todo, si el rey vampiro no existiera; si el destino no me hubiese escogido para llevar este peso de silenciar lo que soy realmente, que distinto sería todo, si aquel lobo negro estuviese a mi lado, cubriéndome, protegiéndome. Pero lo cierto era, que las cosas no eran diferentes y que en el único lugar donde podían existir mi loba blanca y aquel enorme lobo negro, era en mis sueños.
Sentí que unos ojos me observaban. Por un momento, me sentí como una presa acechada por su depredador. Abrí los ojos y miré hacia todos lados de mi oscura habitación, pero no había nadie. Fuí hasta la ventana y vigilé hacia todos lados, pero tal parecía que solo había sido cosa de mi imaginación. Cerré la cortina y permanecí acostada en mi cama, hasta que, finalmente me dormí.
El día sábado, debía realizar mis entrenamientos con Alfa Ryan. Esperé por largo rato en el lugar en el que siempre nos reuníamos, pero él no llegó. Lo mismo pasó con el día domingo. Jamás había faltado a un entrenamiento y tampoco recibí noticias de que estuviese fuera de la manada.
Al principio, admito que no quería verlo, sin embargo, al pasar de los días empecé a extrañarlo. Me sentía como una real idiota, ya que él tenía una pareja y yo los había visto y dejado bien en claro que yo no sería “la otra”.
El caso es que, finalmente llegó el día lunes por la tarde y, muy en el fondo, mi corazón deseaba verlo. Deseaba ver su rostro de líder dando instrucciones frente a los guerreros, deseaba ver sus ojos grises, mirándome. Cada cierto rato, minutos antes del entrenamiento, movía mi mirada a través de los alrededores del campus esperando verlo. Yo misma me odiaba y reprimía, negándome a mí misma el más mínimo interés hacia el Ryan Morgan. Era patético, que una Omega híbrida sin lobo extrañara y deseara ver al Príncipe Alfa Ryan Morgan.
- ¡Todos! ¡Formación! - El corazón casi se me sale por la boca cuando escuché la voz de Alfa Ryan.
<<Estúpida>> Me dije.
- Hoy entrenaremos en parejas - Su voz segura, el timbre de su voz. Esos tres días sin él me hicieron extrañarlo - Todos busquen a un contrincante. No quiero ver que se restrinjan por contemplación de nadie. Están en este grupo por una razón: todos merecen estar aquí y tienen el mismo valor y talento. Por tanto, contenerse por subestimar a su contrincante, es un insulto a él mismo.
Era usual en Alfa Ryan que, antes de los cinco minutos cumplidos en el campo, mirara hacia mí y me regañara por cualquier cosa: mi mala postura, mi forma de correr, mi rostro cansado… cualquier cosa era excusa para dirigirme la palabra; sin embargo, ese día, ni siquiera me miró durante todo el entrenamiento.
Se quitó la camisa y quedó con su torso desnudo, tuve que mirar hacia otro lado, para no babear sobre mi compañero de lucha. Ryan se movió alrededor del campo y jamás me dirigió la palabra; era como si no pudiese verme. ¿Y si realmente morí en la nieve y esto era solo una ensoñación?
Me pellizqué
<<Auch>>
No. No estaba muerta ni dormida, estaba muy viva y aquel pellizco había dolido, se enrojeció mi brazo, en una pequeña zona junto a la mordida de Alfa Ryan. Como presentía, aquel mordisco dejó marca: mi recordatorio eterno del momento que podría haber cambiado nuestras vidas. Pero no sucedió.
Me sentía tonta en pensar así, cuando, era muy probable que en ese mismo momento en que Alfa Ryan me tenía sujeta sobre el suelo, a punto de rozar nuestros labios, él ya estaba comprometido con Madison Jonas: La hija de Gamma Greg Jonas, “la loba blanca de la manada”.
Terminó el entrenamiento y Alfa Ryan se fue, no hubo palabras, ni siquiera una mirada.
Mi corazón dolió. Dolió mucho.
RYAN
Me odié… en el momento en que me di cuenta lo que había dicho frente a Kael, me odié.
Él tenía razón, yo no merecía a Alex. Ella no merecía que yo jugara con ella de ese modo. No podía buscarla, intentar algo con ella, sin saber antes si podría darle lo que ella necesitaba. Una cosa era decidir mi destino como Alfa. ¿Pero qué sucedería si aquella mítica loba primigenia aparecía? ¿Yo sabría darle el lugar que merece a Alex? ¿O sería un Alfa más, egoísta que se preocupa por el bien de su manada antes que en su pareja? El peso de la corona volvió a mi. La responsabilidad de heredar el dominio y responsabilidad de mi padre. No podía exponer a Alex a todo eso y, sin duda, no podía darle falsas esperanzas, cuando ni yo mismo estaba seguro de qué me deparaba el destino.
Salí del hospital y me convertí en mi lobo. Corrí y corrí hasta cansarme. Cuando me di cuenta, estaba frente al campus, frente a su ventana. Observé por largo rato a Alex mientras estaba con sus bellos ojos de bosque cerrados. Hizo un suave movimiento y noté que estaba despierta, y me escondí. Se incorporó mirando hacia todos lados, sin verme. Se levantó y cerró las cortinas.
Ese fin de semana permanecí en mi forma de lobo, reflexionando, pensando. Estaba cansado de correr, estaba cansado de escapar. Esperando que el bosque o algún murmullo me brindara una salida.
Las cosas serían mucho más fáciles si Alex fuese la loba blanca primigenia. Pero la diosa de la Luna suele hacer las cosas así: armar recovecos, generar caos y jugar con nuestras vidas.
<<Eres un tonto>> Escuché la voz de Raven
<<¿Qué quieres, chucho?>>
<<Saber si ya te cansaste de hacer la del idiota>>
<<A veces quisiera tener una sola persona dentro de mi cabeza>> dije
<<Gracias a la diosa de la luna no es así. Humano estúpido. Tu solo no podrías con esa importante labor de que se llama pensar>>
<<Deja de darle vueltas. Habla, perro>>
<<Tu corazón de princesa quedó tan afectado con lo que te dijo el vampiro a medio cocinar, que no te has dado cuenta de algo tan importante>> Se burló Raven.
<<¡Qué hables, chucho sarnoso!>>
<<¡La loba, humano estúpido!>> Gritó Raven en mi mente, pero yo continuaba sin comprender.
<<La loba… ¿Qué loba?>>
<<Arg… no eres más imbécil porque no naciste antes. Humano estúpido, no puedes sentir el vínculo de pareja sin una loba>>
<<Eso quiere decir, que Alex…>>
<<Quiere decir, que su loba puede estar despertando…>> dije sorprendido. Como no había pensado en eso antes.
<<No has averiguado jamás sobre la loba “primigenia”, no sabes lo que es… ¿Y si la loba primigenia tarda en despertar su lobo?>> Explicó Raven, muy perspicaz.
<<Alex puede tener una loba que aún no ha despertado…>> repetí <<¡iré a verla!>>
<<¡NOOO! Humano estúpido… Alex no quiere nada contigo>>
<<Entonces ¿Qué quieres que haga?>> pregunté cabreado. Desde cuando un humano recibía consejos de amor de un lobo. Aunque las estadísticas demostraban que Raven tenía más tino para estas cosas.
<<Alex no quiere verte. Entonces, dale lo que ella quiere. Golpéala con el látigo de la indiferencia. Para que extrañe todo de ti.>> Permanecimos un momento en silencio y sonreí
<<Buen perro>>







