68.
Gian
—Todo está completamente listo, no tienes nada de qué preocuparte —me dijo mi madre cuando le pregunté si el vino para la fiesta ya había llegado.
No podía molestar a Elsa a estas horas, menos por una tontería. Además, ella no sabía lo que realmente quería saber, así que debía ocuparme yo. Esa mujer se había convertido en mi mano derecha en todo, pero también le tenía consideración.
—Gracias, mamá —contesté.
—¿Ya te llevarás a Aian? —me preguntó con tristeza, abrazándolo más.
—Sí, es ho