51.
Alba
La isla a la que llegamos era muy hermosa, el lugar ideal para pasar una luna de miel, una que, desde luego, ya no tendría. Intentaba no pensar en ello, pero cada vez que dirigía la vista hacia el ventanal frente a mi cama y me topaba con el hermoso mar, era inevitable pensarlo.
Los primeros días fueron muy difíciles; sin embargo, Lucrecia siempre tenía un as bajo la manga para distraerme y que no pensara demasiado en lo ocurrido. Por supuesto que todo su esfuerzo se iba a la mierda en cua