50.
Gian
Alba.
Ese nombre era lo primero que pensaba al despertar y lo último en que pensaba antes de cerrar los ojos, así fuera para morir, porque la muerte respiró muy cerca de mí por esa úlcera que no sabía que tenía y que terminó perforando la pared del estómago. Tuve que ser operado de emergencia y perdí horas invaluables para detener a esa maldita mentirosa, a la que por desgracia seguía amando con locura.
Necesitaba saber de ella y de mi hijo, pero nadie a mi alrededor cooperaba; nadie sabía