43.
Gian
Salí corriendo de aquella casa y no me dirigí a ningún lugar concreto, sino que deambulé por varias calles sin apartar la vista de la ecografía. Las semanas de embarazo coincidían perfectamente con el tiempo que Alba debería haber tenido de no haber perdido a nuestro hijo.
¿Por qué me había mentido? El bebé era mío, de eso no había dudas; me había acostado con ella cientos de veces. La duda que asaltaba mi mente era el motivo. ¿Acaso tenía miedo de mi reacción? ¿Estaba pasando algo? ¿Crist