Pov Luciana
La noche ya había caído sobre la ciudad y el taxi se detiene frente al elegante restaurante que elegimos con Abigail. El letrero principal está totalmente apagado y las puertas de cristal lucen oscuras y cerradas, como si el lugar estuviera desierto. Frunzo el ceño, desconcertada, mientras observo el interior desierto a través del vidrio. Algo no marcha bien en este lugar y mi instinto me advierte que debo dar la media vuelta de inmediato.
—Abigail, creo que nos equivocamos de hora