El sonido seco del vidrio al estallar contra el suelo quedó flotando en el aire como una sentencia de muerte que nadie se atrevía a desafiar. En esa sala privada no había música de fondo, ni banquete, ni multitudes de alta sociedad; solo estábamos nosotros atrapados en el centro de una bomba a punto de estallar.
Sasha soltó a Victoria con torpeza, como si el cuerpo de su recién flamante esposa de repente le quemara las manos y quisiera huir despavorido de allí. Dio dos pasos al frente, luciendo