Pov Sasha
La oscuridad de la noche ya había caído por completo sobre las frías calles de la ciudad, pero dentro de esas cuatro paredes el aire seguía ardiendo con la misma intensidad destructiva que en la sala del evento.
El silencio que llenaba la mansión no era un descanso, sino una trampa mortal hecha de cenizas y reproches mudos que me aplastaban el pecho sin piedad.
Mi padre estaba de pie junto al ventanal principal, observando las luces lejanas de los jardines con una rigidez absoluta en