Los gemelos se acurrucaron contra mí, todavía temblando por el susto de haberme visto sangrar, y sus pequeñas manos buscaban refugio en mi camisa. Me senté en el sillón de cuero de mi estudio, intentando calmar mis latidos mientras ellos me contaban historias triviales, ignorando el caos que hervía en mi interior.
Fue entonces cuando la puerta del estudio se abrió con una lentitud deliberada; Abril apareció en el umbral, su mirada recorriendo la escena con una confusión que se transformó en pur