—¡Mamá, volviste! ¿Papá también vendrá? —preguntó Mila, con sus ojitos brillantes de esperanza.
—Mamita, ¿Qué tienes? —añadió Lorena, mirándome con ojitos tristes.
—No hay tiempo para explicaciones ahora, mis amores —les dije, agachándome para abrazarlos con una urgencia que seguramente los asustó—. Necesito que sean muy valientes y escuchen todo lo que les diga, sin hacer ni una sola pregunta, ¿entendido?
Carmen apareció al fondo del pasillo, con el rostro desencajado al notar mi desesperación