Pov Abril
Lo miré desde lo alto, disfrutando por primera vez del poder absoluto que tenía sobre el gran Nikolái Ivanoff. El temible hombre de negocios que controlaba los hilos de Chicago estaba postrado a mis pies, con la frente pegada a la alfombra. El silencio que dominaba nuestra recámara era el testimonio de su derrota, una prueba de que sus mentiras le habían costado caro. No me moví ni un solo centímetro; me mantuve firme, como una reina implacable que observaba a su enemigo completamente