PHOEBE
La mano libre de Omar se perdió entre mis piernas y mi pantalón. Sus dedos iban estimulando suavemente todo mi cuerpo.
—Quiero que grites mi nombre mientras te sumerges en el más absoluto y divino placer, que no te contengas hasta llegues al límite. —Sus palabras no hacían más que estremecer mi cuerpo encendiendo ese fuego abrumador que solo él podía controlar.
—¿Podrías esperar a llegar al departamento?
—Eso hice, cariño. —dijo y abrí mis ojos dándome cuenta de que ya habíamos entrado a