AIDA
—¡No me voy a ir de aquí sin hablar con ella!, sin decirle la verdad. —decía el hombre que Ernesto insistía en alejar de la puerta de entrada al edificio. Eran pasadas las nueve de la noche y volvía del juego de basquetbol con Noah. Había enviado a Phoebe un mensaje para ver si no iba a llegar a interrumpir nada, pero al encontrar esta situación en la entrada, pensé que podía utilizar mi persuasión en el hombre que llevaba pantalón de mezclilla azul, una sudadera negra con el gorro puesto