Pedro
Las paredes de la suite Alfa se me venían encima.
Cada aliento que tomaba se sentía como si estuviera inhalando vidrio. El aire era espeso con el aroma de los lirios y la seda cara, el olor con el que Esmeralda se había estado rociando desde la ceremonia. Se suponía que era el aroma de mi Luna. Se suponía que calmaría a mi lobo.
En cambio, hacía que quisiera arrancar la puerta de sus bisagras.
—¿Pedro? ¿Vas a volver a la cama?
La voz de Esmeralda era como una aguja pinchándome la piel. Es