ISABELLA
—¡Catherine, ¿qué diablos haces perdiendo el tiempo?! ¡La clienta te está esperando! —Estaba buscando el color particular del vestido que la mujer vestida ostentosamente había querido cuando escuché a mi gerente llamarme con fiereza.
Cerré los ojos mientras trataba de calmarme. Habían pasado cuatro años... cuatro años de esta vida, y aun así, a veces, sentía que no estaba acostumbrada a mí misma.
Como si esta no fuera yo, como si solo estuviera viviendo de prestado y que algún día regr