IsabellaEl agarre de Pedro Genaro en mi garganta era como una banda de hierro caliente. Apenas podía respirar, con las puntas de mis pies rozando apenas el suelo mientras me mantenía en alto. Sus ojos eran como dos pozos de tinta negra, escudriñando mi rostro con una ferocidad que hacía temblar mi alma.—¡Respóndeme! —rugió. El sonido de su voz de Alfa hizo que las ventanas del pasillo vibraran—. ¿Por qué hay otra como tú?—¡Pedro Genaro, por favor! —Esmeralda dio un paso adelante, su voz temblando con lágrimas falsas. Extendió la mano y le tocó el brazo, con los ojos muy abiertos y suplicantes—. Suéltala. ¡Vas a matarla!Pedro Genaro no la miró. Mantuvo su mirada fija en la mía. Podía sentir el calor que emanaba de él, el mismo calor que me había consumido en la oscuridad de su habitación hacía solo unas horas. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que estallaría y, aunque me estaba lastimando, mi loba gimoteaba, queriendo inclinarse hacia él.Era el vínculo de mate. Era una maldic
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