Durante las semanas posteriores a su discusión con Deimos, Mia había observado a Seth, esperando ver alguna mejoría, algún indicio de que su lobo finalmente estaba sanándolo. Pero cada día que pasaba, su estado seguía igual, o incluso peor. La fatiga se reflejaba en sus ojos, las sombras bajo ellos se hacían más profundas, y su piel, aunque estaba cubierta con vendajes, mostraba nuevas heridas cada vez que ella lo veía de cerca.
Al principio, había creído que era la falta de energía, el desgast