Vanessa y yo pasamos la tarde en la cafetería, como habíamos planeado. Todo parecía normal. Risas, chismes, comentarios sobre la gente que pasaba frente a nosotras. Y sin embargo, algo en su actitud me hacía ruido.
Estaba inquieta. Su celular vibraba cada pocos minutos, y cada vez que lo revisaba, su expresión cambiaba. A veces parecía aliviada, otras, ansiosa. No lo desbloqueaba enseguida. Se limitaba a mirarlo de reojo antes de dejarlo boca abajo sobre la mesa.
—¿Todo bien? —pregunto fi