El sitio estaba en penumbra, iluminado solo por luces tenues que se reflejaban en los rostros expectantes de los que se apiñaban alrededor del ring improvisado. Sus rostros pedían golpes. Y yo iba a complacerlos.
El aire estaba cargado de tensión, sudor y el olor penetrante de la sangre, mientras la multitud murmuraba entre sí, esperando el siguiente combate. Todo era clandestino, todo era bajo el agua, pero eso le daba un toque más real, más auténtico. Aquí, nadie se hacía preguntas. Aquí, s