La habitación estaba en silencio, salvo por el rasgueo de las plumas sobre el pergamino. Ragnar estaba sentado en su escritorio, con una montaña de pergaminos y mapas extendidos ante él, iluminados por el tenue resplandor de las llamas de las velas. Informes de escaramuzas fronterizas, cartas de señores exigiendo audiencia, susurros de espías moviéndose en las sombras, todo eso debería haber consumido su mente.
Pero no lo hicieron.
Cada vez que sus ojos pasaban por una página, esta se difuminab