Las uñas de Atenea se clavaron en sus palmas. Su corazón sangraba en agonía.
Esto no era una elección. Era la aniquilación disfrazada de misericordia.
Se obligó a dar un paso adelante. Luego otro, pasando junto al niño que sollozaba.
La multitud se quedó sin aliento mientras se acercaba a la plataforma del rey, cada paso una guerra contra su orgullo. Le temblaban las rodillas. Se le revolvía el estómago. Pero no se detuvo. Las puertas se abrieron para dejarla entrar. Subió los escalones. Uno po