Altos Mandos
Ana caminaba por los pasillos altos del castillo con un fajo de papeles bajo el brazo, avanzando con la naturalidad de quien ya no se siente visitante. Conocía esos corredores: el eco particular de sus pasos, la forma en que la luz se colaba por las ventanas estrechas, el olor persistente a piedra fría y madera vieja.
Le habían encargado llevar los documentos a la torre administrativa, directamente al despacho del Alfa.
Nada importante —le habían dicho—, solo registros de entrenam