Cobrar
Para cuando la noche cayó por completo sobre Imperial y los pasillos comenzaron a vaciarse, Ana sentía el cuerpo como si lo hubiera dejado olvidado en el campo de entrenamiento. Cada músculo parecía ponerse rígido al moverse, incluso los que no sabía que existían. Había sido una batalla ocupar los baños -Gritos desde detrás de las puertas, amenazas vagas, alguien llorando de agotamiento- pero al final, como todo ese día, simplemente había sobrevivido.
Ahora estaba en su habitación.
Había ordenado lo justo: la cama estirada, la ropa doblada para la mañana siguiente, las botas alineadas junto a la pared. Nada más. No tenía energía para adornos ni para pensar demasiado. Se puso uno de los vestidos que Charlotte siempre criticaba como demasiado simple, soso o demasiado suelto, pero a Ana le gustaba. O quizá no era que le gustara, sino que ya se había acostumbrado a la libertad de esa prenda, a no sentir nada apretándole el cuerpo después de un día así de difícil.
Llevaba el cabello