Rumores
Cuando Ana regresó a la mesa con su cuenco vacío, pensando sólo en servirse otra porción y olvidar la extraña conversación con Ashven, un vendaval de voces la envolvió.
-¡Ana! -Charlotte la tomó del brazo y la obligó a sentarse, casi tirándola sobre el banco.
A su alrededor, ya se habían acomodado Tera, Sigrid, Astrid y otras dos chicas que apenas conocía de vista pero que parecían ansiosas por subirse al chisme como abejas al polen.
Apenas se sentó, todas se inclinaron sobre la mesa al