Despierta II
Rak estaba sentado frente al escritorio de Dima, con la espalda rígida y las manos unidas entre las rodillas. La oficina del Alfa, siempre impecable, parecía más fría de lo habitual. Quizás por el silencio, o quizás por la forma en que Dima lo observaba: sin enojo, pero con una expectativa que hacía difícil respirar.
-Cuéntame exactamente lo que pasó. -Pidió el Alfa, apoyando los antebrazos sobre el escritorio.
Rak tragó saliva.
-Ya se lo dije, señor. -Dijo algo agotado. -Estábamos