Caminos y Dones II
Ashven no contestó enseguida. En cambio, extendió una mano hacia la vela que ardía en el centro de la mesa. Con un movimiento casi perezoso, atrapó la llama entre los dedos. El fuego danzó sobre su piel sin quemarlo la hizo pasar de la punta de su dedo índice al corazón, al anular y luego al meñique, casi parecía que la pequeña llama brincaba sobre sus dedos.
Ana lo miró fascinada con aquella llamita, borró su sonrisa al ver la cara de suficiencia de Ashven y cambió su rostr